VENEZUELA ES LA MURALLA QUE DETIENE EL AVANCE IMPERIAL 



EXCELENTE ANÁLISIS DE LA DESTACADA PERIODISTA ARGENTINA STELLA CALLONI 



Cubaenresumen
https://cubaenresumen.wordpress.com
Texto: Stella Calloni, tomado de La Garganta Poderosa.
El gobierno y el pueblo de Venezuela son, en este duro tiempo de avance imperial en Nuestra América, la muralla que se levanta en medio de una guerra contrainsurgente de baja intensidad y de cuarta generación, de extrema violencia. Es precisamente de cuarta generación la más brutal guerra mediática que estamos viviendo en nuestra región, en el golpismo del Siglo XXI y en el diseño de la potencia imperial Estados Unidos, de llevar adelante su plan geoestratégico de recolonización de nuestra América. Se equivocan los que piensan que este es sólo un retorno conservador o neoliberal. Es un avance colonizador, porque la decisión de Estados Unidos es tomar el control total de su llamado “patio trasero”, a partir de la aparición de nuevas potencias que han cortado de un solo
Paul Wolfowit, el gran consejero de los presidentes norteamericanos, había establecido ya en 1992, después de la caída del Muro de Berlín y la Unión Soviética, que era el momento de avanzar en una expansión global, sin límites y sin fronteras. Para eso sirvió el nunca aclarado “atentado” contra las Torres Gemelas y su extraña implosión en septiembre de 2001. Acto seguido, EE.UU. declaró la guerra infinita y anuló las soberanías nacionales en todo el mundo. En Yugoslavia ya habían probado cómo usando el arma de la desinformación, que consiste en convertir la mentira en un arma de guerra a nivel global, podían tener una impunidad absoluta. A eso, le sumaron la enorme capacidad de realizar falsos atentados, para avanzar en nombre de la lucha antiterrorista o antinarcotráfico donde quisieran.
Entonces se volcaron a Afganistán, Irak, Libia y Siria, pero en este último la resistencia heroica del gobierno de Bashar Al Asad, el pueblo y el ejército se transformaron en una pesadilla para EE.UU., Israel y los países europeos que convirtieron sus gobiernos en peones del gran proyecto de la gobernanza global. Siria pidió ayuda a la Federación Rusa y la aparición de Rusia y de China en escena cambió el eje de la noche a la mañana. Entonces, la mirada regresó hacia Nuestra América, que a pesar de estar invadida por las fundaciones de diversos nombres de la CIA y el Pentágono de EE.UU., había logrado mediante elecciones imponer una serie de gobiernos progresistas, que además rompieron el aislamiento de Cuba.
En el siglo XXI comenzó la guerra contrainsurgente que se visualizó con los golpes de Estados. Los fracasados: Venezuela 2002, Bolivia 2008, Ecuador 2010. Y los concretados: Haití 2004, Honduras 2009, Paraguay 2012. En los últimos tiempos, Estados Unidos avanzó sobre el triángulo de los tres países clave en la integración: Argentina, Brasil y Venezuela. Lograron, utilizando sectores de la Justicia que han “comprado”, controlando varios medios masivos de comunicación y mediante la corrupción, dar el golpe contra Dilma Rousseff en Brasil, en agosto de 2016. Unos meses antes, consiguieron lo que bien podría llamarse la infiltración electoral en Argentina. La injerencia brutal con la distribución de millones de dólares, por la que unificaron algunos partidos políticos en decadencia; el uso de jueces cooptados y también la alineación de los medios masivos locales, decantaron el triunfo de un gobierno en el que el presidente y sus ministros pertenecen a fundaciones norteamericanas. Es decir, un gobierno de Washington en un poder local.
Logrado esto, recrudecieron al máximo el golpismo contra Venezuela, que nunca dejó de intentarse desde 2002. Los gobiernos de Estados Unidos creyeron que con la muerte del comandante Hugo Chávez Frías, en marzo de 2013, darían fácilmente el zarpazo sobre Venezuela, que se ha transformado en una gran muralla de Nuestra América. Sin embargo, se encontraron con que el presidente Nicolás Maduro y los equipos formados por Chávez, más un pueblo concientizado y la existencia de algunos medios como Telesur y Venezolana de Televisión, lograron detener los más fuertes embates golpistas, con participación de paramilitares colombianos y tropas especiales de EE.UU. acantonadas en Colombia.
A principios de 2017, iniciaron un intento de Golpe con otras modalidades, pero que esencialmente se mantiene en los últimos meses por los falsos informes de la prensa en el exterior, que en un 95 por ciento controla Washington. La guerra económica y el desabastecimiento son brutales. Millones de dólares en alimentos, medicamentos y gasolina se escurren por la amplia frontera con Colombia. Sabotajes y asesinatos en diversos lugares del país, especialmente fronterizos. En lo que va de este año se han destruido y quemado unos 300 edificios por parte de los grupos de choque, supuestos pacíficos manifestantes que llevan cascos de un material especial, máscaras antigases y actúan con cierto orden militar, arrojando bombas incendiarias que brindan espectacularidad para la transmisión mediática. Su criminalidad quedó evidenciada en el asesinato de posibles “chavistas”, siete de los cuales fueron rociados con gasolina y quemados. La imagen de las víctimas corriendo desesperados, es mostrada, por supuesto, como si fueran crímenes de los organismos de policía y seguridad. Sin embargo, de las 109 víctimas, la mayoría era chavista y no participaba en estas acciones, y una minoría era opositora. Pero esto no es lo que se informa.
Mientras el secretario general de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, es casi el comando político y diplomático del golpe, Maduro logró sostener el llamado al diálogo en forma permanente y por eso su convocatoria a una Asamblea Constituyente para profundizar los avances sociales, que la oposición rechazó, fue apoyada por gran parte de la población. Sin embargo, eso no lo muestran los periódicos extranjeros, como ocurre en Argentina. Lo que pasa en Venezuela esencialmente es una guerra mediática que, como se dice, “le da letra” a la derecha mundial, que especialmente cuenta con el apoyo del ilegítimo presidente de Brasil, Michel Temer; de Mauricio Macri, quien intenta imponerse ante Washington como el líder del sur sin lograrlo; y por supuesto de los mandatarios de México, Colombia, Honduras, Guatemala y Paraguay, cuyos pueblos están viviendo en el terror.
La Constituyente de hoy, donde se eligieron a 545 constituyentes, se instituyó en una acción en favor de la paz. La convocatoria de Maduro a la oposición podría haber dado lugar a una salida pacífica inmediata, pero a esto se opone Washington, a quien le “conviene” la violencia y las muertes. Necesitan apoderarse de Venezuela, donde existen las mayores reservas de petróleo del mundo y otros recursos. La cercanía con ese país es vital, más aún cuando es complicada la situación en Medio Oriente. Debería anotarse como un “triunfo” de nuestra América el hecho de que los “amigos”, “asociados” o “títeres” de EE.UU. no lograron expulsar a Venezuela del Mercosur. El futuro de América Latina se juega en Venezuela, un país que fue y sigue siendo solidario con los pueblos de América, de África, con los invadidos y ocupados, con los pobres del mundo y al que debemos agradecer su dignidad y heroísmo en estas circunstancias.
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Rafael Cancel Miranda

SE LLEGA MÁS PRONTO A LA META DE PIE QUE DE RODILLAS.
Wilder Sánchez


VENEZUELA, ESTADO ESPAÑOL
¿QUIÉN TEME A LA CONSTITUYENTE VENEZOLANA?
Ángeles Diez

El miedo de las élites europeas a los procesos constituyentes tiene mucho de terapia preventiva
Mariano Rajoy teme a la Constituyente venezolana. Felipe González y Jose María Aznar, Albert Rivera y Pedro Sánchez, hasta el calculador Pablo Iglesias teme a la Constituyente. La oposición golpista venezolana y Donald Trump temen a la constituyente. Los empresarios venezolanos que especulan con la comida del pueblo, las hordas de jóvenes desclasados y bien pertrechados que queman a chavistas, los intelectuales orgánicos, los que callan, los que otorgan, los paraperiodistas que no paran de disparar a las audiencias europeas. Todos sienten que se les acaba el tiempo para torcer el brazo a la revolución bolivariana.
Hay muchos y distintos tipos de miedos que atraviesan el ámbito de la política. El miedo a un proceso constituyente es parecido al miedo que históricamente ha aterrorizado a las oligarquías cuando avizoran una posibilidad revolucionaria por pequeña que esta sea. A veces, es un miedo irracional pues hay pueblos sumisos y doblados por el talón de hierro capitalista que no guardan rescoldo alguno de rebelión. Pero eso no importa ni al orondo y clásico burgués, ni al joven tiburón especulador. Si hay una remota posibilidad de que ese pueblo despierte ahí estarán, la amenaza terrorista, las leyes mordaza, el caos tercermundista y la crisis económica que todo lo explica. El miedo de las élites europeas a los procesos constituyentes tiene mucho de terapia preventiva, es un “por si acaso mejor prevenir que curar”.
El miedo del imperialismo estadounidense es otro tipo de miedo. Es el histórico miedo del esclavista a que los esclavos dejen de cultivar la tierra y se liberen, es el miedo del colono a un ataque de los indios sobrevivientes. Es el miedo a que los asesinados, los desaparecidos, los torturados y los saqueados latinoamericanos reclamen justicia. A que el retrato del imperialista salga a la luz y se vea nítidamente y sin máscara su democracia realmente existente. Donal Trump y antes Barak Obama temen que América Latina deje de ser un patio trasero donde hacer ricos negocios que oxigenen la economía estadounidense.
El miedo español es un miedo neofranquista y tiene su origen en una Constitución sin Asamblea Constituyente. La historia de nuestra Constitución es la historia de un apaño, de una componenda entre las élites franquistas y las nuevas élites socialistas y nacionalistas, ambas conectadas por finos hilos geoestratégicos a los intereses estadounidenses.
No hubo pueblo español, ni vasco, ni catalán, ni siquiera franquista que participara en la elaboración de la Constitución española de 1978. Las elecciones del 15 de abril de 1977 no fueron para elegir a una cámara constituyente que elaborara ninguna constitución. Fue la Ley de Reforma Política (15 diciembre de 1976), aprobada por las Cortes Franquistas la que sentaba las bases para elegir a unos parlamentarios que a su vez designaran una Comisión de Asuntos Constitucionales compuesta por sólo 7 miembros repartidos entre comisionados de probado curriculum franquista como el ministro de Información y turismo Manuel Fraga Iribarne o Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, letrado del Consejo de Estado y Secretario General técnico del ministerio de Justicia; y comisionados vinculados al emergente y ambicioso PSOE como el abogado Gregorio Peces-Barba o Jordi Solé Turá. Después, sólo después de que la lápida del consenso enterrara la esperanza de recuperar la democracia republicana se hizo un referéndum legitimador.
Para la reforma constitucional del 2011 tampoco hubo necesidad de preguntar al pueblo, y eso que el artículo a reformar, el 135, era nada menos que aquel que obliga a cualquier gobierno, sea del signo que sea, a priorizar el pago de la deuda antes que cualquier otro gasto del Estado, primero la bolsa y luego la vida. Quince días para maniatar al próximo gobierno y ni siquiera un referéndum de ratificación ¿Por qué había de opinar el pueblo si ya opinan sus representantes? ¿Por qué preguntar si las respuestas venían dadas desde la troika europea?
¿A qué se debe que las Constituciones den tanto miedo y los procesos constituyentes mucho más?
La Constitución es la regla básica que fundamenta y ampara el sistema jurídico de un país así como el funcionamiento de las instituciones y poderes de un Estado. Se suele decir que es la ley de leyes. Las constituciones establecen los marcos jurídicos pero a su vez éstos implican una redefinición del Estado y de la fuente de la soberanía. Cuando son el resultado de procesos constituyentes suponen la incorporación de los ciudadanos a la discusión, elaboración y ratificación de la constitución, caso que se dio en Venezuela en 1999; estamos hablando de procesos en los que hay una ratificación popular del contrato social en la que los ciudadanos establecen y aprueban los instrumentos concretos para el ejercicio del poder del Estado y sus instituciones. Es algo así como si los ciudadanos participaran en la elaboración de los instrumentos que puede utilizar el Estado para gobernar y al mismo tiempo dijeran qué herramientas no pueden ser utilizadas.
Las constituciones otorgan poder al Estado pero también limitan el ejercicio de ese poder. Las clases populares, siendo la fuente de poder en el proceso Venezolano, se convirtieron también en 1999 en fuente de derecho pues no se limitaron solo a votar una constitución previamente elaborada por juristas o comisionados no electos, sino que participaron activamente en la elección de los encargados de elaborar el articulado de la Constitución y también en discutir y debatir sobre las propuestas que éstos realizaban.
Cada Constitución, dice el constitucionalista Roberto Gargarella, trata de responder a uno o varios problemas, o lo que es igual, trata de remediar algún mal; nos dice: “las Constituciones nacen habitualmente en momentos de crisis, con el objeto de resolver algún drama político-social fundamental” 1
La Constitución de 1999 en Venezuela vino a resolver tres problemas básicos: la incorporación de los sectores populares a las tareas de gobierno, es decir, convertir a estos sectores en sujetos políticos protagónicos, en segundo lugar, recuperar la soberanía sobre los recursos naturales (especialmente el petróleo), y en tercer lugar, resolver el drama de la desigualdad social.
La movilización social, el cambio de correlación de fuerzas y la acumulación de poder social fueron el punto de partida de las nuevas Constituciones latinoamericanas tanto en Venezuela como en Ecuador o en Bolivia; y también la crisis del modelo de acumulación capitalista en estos paises.
Pero esa recuperación de la soberanía popular que significó la Constitución de 1999 sólo podía estabilizarse con la mejora de las condiciones de vida al tiempo que se desarrollaba una cultura política de participación real y efectiva. Ambos procesos, mejora económica y participación política, son los que han dado y dan legitimidad al gobierno bolivariano. Son las bases del poder popular que derrocó al golpe contra el gobierno bolivariano en el 2002.
Dieciocho años después de esa Constitución, ha habido 24 procesos electorales, se ha avanzado en casi todos los indicadores sociales (educación, desarrollo, vivienda, salud…), como demuestran los datos de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) de Naciones Unidas. Pero el contexto nacional e internacional han cambiado. A pesar del avance en cultura democrática y participación –o precisamente por ello-, el gobierno de Nicolás Maduro perdió la mayoría de la Asamblea Nacional que ahora se encuentra en manos de la llamada “oposición venezolana” –un conglomerado de más de 20 partidos unidos sólo por el odio al gobierno bolivariano2, una Asamblea que además sesiona en desacato. La llamada oposición y las oligarquías empresariales han emprendido una hoja de ruta que, como en la Chile de Allende, trata de reventar la economía (inflación inducida, embargo comercial encubierto, bloqueo financiero internacional), someter por hambre a las clases populares (boicot en el suministro de bienes de primera necesidad, desabastecimiento programado), bloquear las instituciones, tomar las calles con la violencia extrema, crear un gobierno paralelo y finalmente, si no se derroca al gobierno bolivariano ni se quiebra al ejército bolivariano, habrá creado las mejores condiciones para una intervención humanitariamente armada.
Tal vez no a través de la IV Flota estadounidense próxima a las costas venezolanas, pero como declaró hace apenas unos días Michael Richard Pompeo, director de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), se trabaja con los gobiernos de Colombia y México para evaluar las maniobras necesarias para lograr un cambio de gobierno en Venezuela3.
Internacionalmente la región latinoamericana ha sufrido un retroceso provocado por la derrota del gobierno progresista de Cristina Kirstchner, los golpes parlamentarios en Brasil (2016) y Paraguay (2012), precedidos por los Golpes de Estado de Haití (2004) y Honduras (2009). La integración regional se ha ralentizado por los Estados más afines a Estados Unidos, como Colombia o México. La OEA (Organización de Estados Americanos) vuelve a ser esa organización internacional instrumentalizada por el imperio contra los gobiernos latinoamericanos díscolos.
También a escala global el imperio estadounidense y sus aliados tienen sobre sus cabezas la espada de Damocles de una crisis económica que sólo resuelven aumentando la presión y la desposesión de sus poblaciones (saqueo de lo público, austeridad, recortes, precarización…). Llevar la guerra a cualquier parte del mundo donde haya algo que saquear, recuperar cuotas de influencia frente a Rusia o China y disciplinar a sus propias poblaciones, se hace urgente y necesario. Así, apoyar a las llamadas oposiciones, moderadas, armadas o de colores es la única política internacional realista para las necesidades imperiales.
Ante este nuevo contexto nacional e internacional, el Poder electoral venezolano, a propuesta del Presidente (de acuerdo con el artículo 348 de la Constitución) ha convocado elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente el 30 de julio. No hay constitución que aguante tamaña embestida.
Cada venezolano podrá votar una vez territorialmente y una vez por el sector y subsector que le corresponda. Los comisionados electos tendrán que reformar la Constitución de 1999 para tratar de resolver esta vez los siguientes graves y nuevos problemas que se resumen en 9 temas propuestos para la reforma:
1) Constitucionalizar las Misiones (salud, vivienda, educación…) creando un sistema público que garantice por ley los avances sociales,
2) dotar de instrumentos más eficaces para defender la soberanía nacional y el rechazo al intervencionismo,
3) constitucionalizar las comunas y consejos comunales para hacer de la participación un requisito democrático,
4) crear instrumentos jurídicos y penitenciarios para luchar contra la impunidad, el terrorismo y el narcotráfico,
5) caminar hacia un sistema económico menos dependiente del petróleo,
6) luchar contra el cambio climático y el calentamiento global,
7) favorecer los procesos de paz, reafirmar la justicia y aislamiento de los violentos,
8) Desarrollar los derechos y deberes sociales,
9) una nueva espiritualidad cultural y venezolanidad, garantizar el carácter pluricultural y la identidad cultural.
El miedo a la constituyente venezolana se ha convertido en pánico en las pantallas
Los paraperiodistas dan diariamente el parte de guerra: 80, 90, 100 muertos, 20,30, 40 heridos. ¿Quiénes eran, a manos de quién, estaban en la manifestación?,-detalles irrelevantes-; huelga general, 70%, 90% de seguimiento –¿quién da esas cifras, están comprobadas? –detalle irrelevante-; nueva manifestación que es reprimida violentamente; ¿por qué es reprimida, en qué consiste la represión de la policía si solo vemos manifestantes tapados que arrojan cócteles y disparan morteros? – detalles irrelevantes. Qué extraña “dictadura” la venezolana donde los periodistas nacionales e internacionales campan a sus anchas por las calles grabando la “represión policial”. Paraperiodistas que solo beben de las fuentes de la oposición, que no desaprovechan la oportunidad de disfrazarse de reporteros de guerra, que nunca entrevistan al pueblo bolivariano, que repiten cual papagayos las consignas de la llamada “oposición”.
Todo vale en la propaganda de guerra, quien paga manda. El paraperiodista está siempre del lado correcto, el del empresario, el del gobierno si es un medio nacional, como televisión española, y si el gobierno español se ha pronunciado declarando enemigo al gobierno venezolano, pues ellos están ahí sirviendo a la patria.
Los paraperiodistas españoles tienen un serio entrenamiento: descubrieron armas de destrucción masiva en Iraq, nos convencieron de que para quitar el burka a las afganas había que facilitar a USA la intervención, justificaron el bombardeo de la OTAN en Yugoslavia, el asesinato de Gadafi, el golpe de Estado del 2002 en Venezuela, han apoyado a la más que moderada, moderadísima oposición siria, en fin, una probada fidelidad a las Agencias de información y a las orientaciones imperiales. Lástima que según un informe de la Universidad de Oxford de 2015, de los 11 países consultados en Europa, los medios de comunicación españoles son los menos creíbles y los segundos menos creíbles de los 12 países estudiados a nivel mundial.
Sin embargo, hay quienes no temen a la Constituyente venezolana, es más, hay quienes la defienden incluso a riesgo de su vida. Es el pueblo venezolano, son las clases populares que no se han dejado engañar ni amedrentar. Es el pueblo que rinde homenaje a la memoria de su comandante que les colocó en la historia. Son los que recibieron educación, libros gratis, vivienda, salud,… No temen a la constituyente los líderes barriales, los obreros, los dirigentes, miles de venezolanos que se postulan para servir a su pueblo.
Nadie que conozca la historia reciente de Venezuela, nadie que conozca los planes imperiales, nadie que haya soñado alguna vez con que en su país le hubieran dejado participar en un proceso constituyente, puede temer a la Constituyente venezolana.
27/07/2017. Ángeles Diez es Doctora en CC. Políticas y Sociología, profesora de la Universidad Complutense de Madrid.
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Notas
1 Gargarela R., El nuevo constitucionalismo latinoamericano: Promesas e interrogantes; CONICET/CMI
2 Composición de la Oposición Venezolana, MUD, compuesta por 19 partidos, originariamente por 31
3 CIA, Colombia y México quieren derrocar a Maduro: canciller de Venezuela, http://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/cia-colombia-y-mexico-quieren-derrocar-maduro-canciller-de-venezuela-articulo-704678
La Haine
Texto completo en: http://www.lahaine.org/iquien-teme-a-la-constituyente
LA HAINE: http://www.lahaine.org/mundo.php/iquien-teme-a-la-constituyente

EN VENEZUELA EL PUEBLO GOBIERNA LA PATRIA!
Por: Amable Fernández
Antes del advenimiento de la Revolución Bolivariana, PUEBLO y GOBIERNO eran dos conceptos separados, políticamente desligados entre sí, pues en la cuarta república el gobierno era el vivo y el pueblo era el bobo...
Tal separación semántica, en aquella falsa democracia adecopéyica, obedecía a un generalizado prejuicio clasista -burgués, oligarca- propio del puntofijismo (en esa época, por cierto, los politiqueros demagogos -perdonen la redundancia- hablaban de distancia y categoría, de gente y gentío, de líder y muchedumbre). De hecho, en el pasado adecopéyico, cualquier funcionario hablaba del pueblo como algo alejado o ajeno al gobierno (y todos sabemos que en esa época nefasta PUEBLO era el que votaba, no el que elegía).
Fue la Revolución Bolivariana liderada por Hugo Chávez la que -en ejemplar praxis democrática- fusionó los dos términos y les dio una novedosa consustanciación semántica socialista (Chávez sabía que sin pueblo no hay gobierno y sin socialismo no hay democracia).
Desde entonces hemos sido un pueblo-nación-república-país que se autogobierna (con Chávez el pueblo tomó el poder). Por lo tanto, si analizamos bien y asumimos su legado revolucionario, no sigamos hablando de pueblo y gobierno como conceptos separados o inconexos, pues ya sabemos que ese es quizá el resabio más utilizado por la derecha para mantener e imponer su trampa neoliberal.
Y es que en Venezuela, Hugo Chávez cambió la relación estructural entre gobernantes y gobernados. Por eso dejamos de ser un binomio dual, ambiguo, ambivalente, para convertirnos en una sólida unidad política (y como ahora el PUEBLO es GOBIERNO, en Venezuela somos un ente unitario, no sólo un gobierno apoyado por un pueblo). La verdad más obvia es que SOMOS UN PUEBLO GOBERNANTE -quizá el único en el mundo- cuya determinación soberana, autónoma, socialista, es la de trabajar unido para salvar la patria (y en este aspecto debemos consolidarnos monolíticamente). POR ESO SOMOS UN PUEBLO EN COMBATE, pues la salvación de la Patria exige defenderla siempre del yanqui sionismo imperial, enemigo de toda la humanidad -éste es el trasfondo filosófico del legado del futuro, proyecto colosal por el que luchó y dio la vida Hugo Chávez, alfarero de la Revolución...
Y es que no debemos olvidar que Hugo Chávez y Nicolás Maduro -actual Presidente de la República Bolivariana de Venezuela- han sido esencialmente pueblo. Por esta característica, como somos un pueblo gobernante, luchamos sin tregua para convertir los cambios y las transformaciones radicales revolucionarias en una victoria definitiva (esta será por cierto la obra primordial de la Constituyente Originaria recién electa).
Entonces, por favor, no sigamos hablando de gobierno y de pueblo como si fuésemos agua y aceite... No. Revisemos la realidad de Venezuela (pues a veces, también, por ejemplo, decimos "gobierno bolivariano y revolucionario" a sabiendas de que ambas palabras -bolivariano y revolucionario- son análogas).
Analicemos en detalle la unidad indisoluble que es nuestra Revolución Bolivariana y entendamos de una vez por todas que SOMOS UNA PATRIA AUTÓNOMA, UN PAÍS-NACIÓN-PUEBLO-GOBIERNO (sumados e integrados íntimamente como nacionalidad, gentilicio, identidad, ideología, sentimiento, cultura) cuyo objetivo sigue siendo la liberación de América y la salvación del mundo entero. Por lo tanto, la totalidad de quienes creemos en este histórico proceso de transformación revolucionaria, debemos responsabilizarnos del rol que nos corresponda... Comprendamos que el POR AHORA ES YA y que NUESTRA ÚNICA OBLIGACIÓN ES CONTRIBUIR AL TRIUNFO ABSOLUTO DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA.
Sigamos el ejemplo de Nicolás Maduro, a quien le ha correspondido la extraordinaria y colosal tarea de seguir la ruta revolucionaria orientada por Hugo Chávez (para el camarada Nicolás no ha sido fácil enfrentar al homicida de la humanidad, al imperio yanqui-sionista... Con su voluntad indoblegable de chavista auténtico y socialista genuino, Nicolás Maduro ha derrotado a la MUD (sociedad servil del yanqui- sionismo) que ahora revuelca su arrechera en el estiércol oligarca o puputov.
Y digo que POR AHORA ES YA porque se avecinan muchos combates. Tenemos en el horizonte otras elecciones. Entendamos que la ultraderecha mundial financiada por el narcotráfico odia la Paz y mantendrá su narco terrorismo... (el puputov y la cocaína uribista se les ha enquistado en las neuronas). Saben que en el terreno electoral democrático no tienen chance y por eso le han mentido a su militancia, que ahora los repudia por haber quemado y degollado seres humanos, y es que -aparte de asesinar, destruir y amenazar, las pandillas narcoparacas de la MUD han sitiado comunidades para aterrorizarlas y someterlas a humillaciones y vejámenes; ¿no llegaron al colmo de convertir barriadas y urbanizaciones en verdaderas cárceles para quitarles a los ciudadanos la libertad de vivir en paz?
Así que, PUEBLO y GOBIERNO deben mantener su solidez unitaria para que la Ley sancione a los conchabados que adoran al imperio (el verdadero enemigo de Venezuela). Y no lo digo sólo para demostrarle al mundo que la Venezuela Bolivariana Libertaria fortalece su Revolución. Por ahora debemos integrarnos más como PUEBLO GOBIERNO para derrotar a los traidores a la Patria. Luchemos cada día más para fortalecernos como PUEBLO GOBERNANTE, como pueblo constructor de transformaciones que beneficien a la humanidad...
APORREA: https://www.aporrea.org/ideologia/a250405.html
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